Elijo escribir #5: Leer o no leer.

13/03/2017

De niña me obligaron a leer Campos de Castilla, de Antonio Machado. Recuerdo hacer esfuerzos hercúleos para que el sueño (o el enfado ante la injusticia de esa obligación) no ganase terreno. No volví jamás a Machado.

Y sin embargo hace unos meses leí unas palabras que acompañaban a una fotografía: el fondo dorado de un trigal, de frente la ropa oscura de una mujer volando con el viento. Y a sus pies unos versos tremendos, vivos, de Campos de Castilla. Sentí que esas frases cosquilleaban el alma y recuperé el ejemplar para mi deleite.

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Dicen las estadísticas más recientes que solo el setenta y algo por ciento de los españoles suele leer con cierta frecuencia (dentro de esa categoría tienen cabida desde ávidos lectores que devoran dos libros por semana al que una vez al año se deja querer por el último bestseller).

Si cogemos al azar a tres personas en la calle Toro de Salamanca, los datos nos dicen que una de ellas no ha leído nunca una novela ni tiene intención de hacerlo. Y yo me apeno, la verdad. Porque hay millones de mundos y vidas entre los libros que van a perderse.

 

Los beneficios de la lectura son innumerables: mejora nuestra habilidad mental y las relaciones sociales porque nos hace más empáticos, tras leer somos más sabios y podemos tomar mejores decisiones. Y además cada novela nos regala unas cuantas horas de disfrute, intriga, emoción…etc. Pero, ¿por qué a la gente le cuesta tanto ser constante?

Supuestamente las causas son la falta de tiempo (como un veintitrés por ciento) y la falta de interés ante la lectura (como el cuarenta y dos por ciento). Y en parte les entiendo: si tuvieron la mala suerte de ser obligados a leer libros no demasiado aptos para niños es lógico que extrapolen la sensación a su edad adulta.

Pues yo les propongo un reto lector. No lo he inventado yo, que conste, pero sí voy a darlo a conocer aquí: se trata de escoger un libro al mes para su lectura.

Cada mes el elegido se caracterizará por un detalle importante. Pondré varios ejemplos:

Septiembre: una novela corta (El túnel).

Octubre: una novela de ciencia ficción (La guerra de los mundos).

Noviembre: una novela contemporánea española (La sombra del viento).

Diciembre: un clásico universal (Cumbres borrascosas).

Y así, adentrándose en distintas categorías cada mes, completará el año entero. No creo que quien cumpla el plan sea capaz de no volver a leer jamás, opino que tras un año de lectura pasará a formar parte para siempre (y con gran alegría) del público lector.

 

Queridos lectores, pronto más.

María Jeunet.

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