Elijo escribir: Escritores e internet

24/10/2016

Este artículo se publicó en el periódico El día de Salamanca el 26 de Junio de 2016.


Si empiezo mi espacio en este periódico diciendo que Internet ha cambiado el mundo, quizá penséis algo como: pues claro que lo ha cambiado, menuda lumbreras... Pero si os cuento que ha cambiado nuestra relación con el arte, más concretamente con la literatura y si afino un poco más, y os hablo de cómo Internet ha supuesto una revolución apasionante, complicada, y llena de oportunidades para los escritores, quizá os enganche para seguir leyendo este pequeño espacio impreso.

2004 fue el año que en nuestros Reyes se casaron, sufrimos unos atentados terribles y también fue el año en que Facebook comenzó a romper las distancias de nuestro mundo. Todo nuestro entorno estaba apunto de cambiar. Pero esto venía de lejos: veinte años antes, a un señor americano se le ocurría crear una página de venta online. Hoy nos parece algo cotidiano pero en aquella época fue un pionero, casi como los conquistadores del oeste. Ese hombre hoy es el quinto más rico del mundo; es el dueño de Amazon.

En este punto quizá os preguntéis qué relación tienen Internet, Amazon y la literatura. Centremos el tema. Cuando una persona siente que tiene algo que contar vive en su interior una serie de tornados imposibles de obviar. En ocasiones esas personas suelen indagar en esas sensaciones y finalmente llegan a la conclusión de que si no trabajan en ello activamente entristecerán hasta la muerte. El resultado será una escultura, un poema, una canción, un lienzo cubierto de pintura, una novela...etc. Esas pequeñas muestras de cultura —y de alma— durante años, y años, y años tuvieron que permanecer encerradas en las casas (o peor, en las mentes) de muchos humanos creativos. Pero llegó Amazon y nos abrió a los contadores de historias una puerta por la que dejar pasar devoradores de cultura. Amazon nos contó a los escritores que había una forma de conseguir lectores.

Creó una herramienta sencilla con la que un autor podía editar su obra y ponerla a la venta. No estaría en librerías, pero gracias a Internet conseguiría lo más importante: compartir sus escritos con los lectores, obtener retroalimentación y ganar dinero.

Yo empecé en este mundo así. Lo cierto es que soy una mujer de ciencias pero desde siempre supe que podía hacer más. Hace unos años tras pasar por una etapa estresante y haber leído muchas novelas para evadirme, supe que sería capaz de hacer ese “algo más”. Tomé mi portátil, este con el que hoy os escribo, uní casi setenta mil palabras y dibujé una historia al más puro estilo de las comedias románticas de los noventa (Las hojas de Julia). Sin saber muy bien qué hacer con ella me puse a investigar una mañana de invierno. Y descubrí lo que Amazon nos ofrecía. Decidí intentarlo: la edité en ebook y esperé. En dos semanas esa novela llegó al número uno de ventas nacionales y allí permaneció durante meses. Gracias a mis primeros lectores varias editoriales contactaron conmigo.

En ese punto, aun sabiendo poco del mundo editorial, entendí que algo había cambiado: ¿una (varias) editorial(es) llamando al escritor? Creedme, es algo inaudito: Asimov, Orwell, Borges, J.K. Rowling son solo algunos de los autores que tuvieron “comienzos  difíciles” (eufemismo de “rechazos editoriales”).

Amazon ha revolucionado el mundo literario: gracias a esa sencilla idea muchas personas con ganas de hacer “algo más” han tenido la oportunidad de hacerse visibles, de mostrar su trabajo y de llamar la atención de editoriales. En 2012 el autor Esteban Navarro en España acuñó la expresión “generación kindle” para agrupar a todos esos escritores que han conseguido hacer ruido desde Amazon. En Francia, la escritora Agnes Martin-Lugand, fue la primera autora autoeditada en Amazon que conseguió un contrato editorial y que vendió sus novelas al extranjero. En Estados Unidos, John Locke vendió más de un millón de ebooks de sus novelas en menos de medio año y podríamos seguir saltando de país en país encontrando casos de éxito.

Yo misma he visto cómo avanza mi pequeña carrera literaria: autoedité en Amazon, salté a un gran editorial, entré en la mejor agencia literaria española, hace unos días el sello Planeta publicó mi nueva novela (El nombre propio de la felicidad) y acabo de enterarme de que se va a traducir al alemán convirtiéndose así en una de las obras que más rápido ha conseguido salir al extranjero.

Hoy la Tierra es más pequeña: puedes ver la última fotografía de la luna de miel de tus amigos dos segundos después de haberla tomado, puedes crear en tu cocina la receta de un chef afincado en Tokio al día siguiente de hacerla pública y si eres escritor puedes encontrar lectores con un simple clic. Pero ojo: no todo vale. Tras estas líneas uno podría pensar que cualquier obra puede ser editada y ganar dinero con ella, pero el lector es inteligente, exige un mínimo y ahí está la mejor criba.

 

Queridos lectores, pronto más.

María Jeunet. 

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